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ASÍ CONDUCÍAN LOS DESPEDIDOS POR UNA OPERADORA DE CABIFY; HASTA 72 HORAS A LA SEMANA Y CON UN TRABAJO SEMIESCLAVO

“Saben que vas a tragar lo indecible, éramos precarios con un trabajo semiesclavo, y además había una falta total de atención a nuestras demandas”, denuncian los conductores de VTC despedidos

Los trabajadores, la mayoría provenientes del paro y mayores de 50 años, fueron despedidos tras denunciar la situación ante la Inspección de Trabajo

“Quien reclame algo lo despedimos, que la bolsa del INEM está llena de gente de más de 50 años con necesidad de trabajar”, respondía la operadora de Cabify a las demandas de los conductores, según una demanda.

Javier Martínez, 56 años, estaba en el paro cuando le llegó una oferta para trabajar de conductor para una operadora de Cabify en Valencia. “Nos hicieron firmar un contrato de 40 horas que nunca se ha cumplido, siempre nos indicaban verbalmente las horas a realizar. En teoría, eran 12 horas, con dos de descanso pero nunca podía ser al comienzo o al final de la jornada, no tenías tiempo de descansar esas dos horas”, segura a eldiario.es. “Hemos llegado a trabajar seis días seguidos a la semana, 72 horas”, denuncia el trabajador despedido. A su lado, Víctor Martínez, de 56 años también, recuerda que, en principio, “son horarios fijos pero nos los cambiaron muchas veces”.

Víctor cerró una panadería y rellenó un formulario en Internet para trabajar en Cabify. Acudió a una sede en la calle de la Reina de Valencia para firmar el contrato. “Yo cuando relleno eso pensaba que trabajaba para Cabify, pero era Costa Fleming”, una empresa operadora de VTC subcontratada. Empezó a trabajar el pasado octubre. “Cuando te habituabas a un horario, te lo cambiaban”, cuenta Martínez, quien añade: “hubo una época en que acabando la madrugada del domingo a las siete de la mañana, empezabas a las cuatro de la tarde de ese mismo día y acababas a las diez. Y, a veces, el lunes siguiente volvías a trabajar a las cinco de la mañana”. En ocasiones, recuerdan, se quedaban adormilados en los semáforos.

J., otro conductor de 61 años despedido, ha vuelto a trabajar intermitentemente para otra empresa de transporte de vehículo con conductor y por eso prefiere no revelar su identidad. “Es que estas empresas funcionan así, no quieren tenerte más de equis tiempo”, sostiene. En un principio J. trabajó seis días a la semana más dos de descanso pero “luego pasamos a un día de descanso, los horarios cambiaron varias veces”, asegura.

La demanda por despido contra la empresa Costa Fleming del conductor Carlos Salcedo, de 60 años, explica que hasta enero del 2019 trabajaba “60 horas semanales en seis días seguidos de trabajo” y que el 12 de febrero la operadora de Cabify “cambió unilateralmente los horarios incrementándolos a 72 horas en seis días ininterrumpidos de lunes a sábado, todo lo cual fue comunicado a la empresa en aras de buscar una solución para evitar los referidos abusos”. Cuando les impusieron trabajar 72 horas a la semana denunciaron la situación ante la Inspección de Trabajo y cinco días después fueron despedidos “al no haber superado el periodo de prueba”. 

El conductor Javier Martínez asegura que les cambiaban el horario “a su antojo y sin previo aviso y además nos avisaban de un día para el otro”. “No podías mantener una vida familiar digna o normal”, coinciden todos los despedidos consultados por este diario. Algunos trabajadores “han tenido que ir al psicólogo por la tensión y el estrés”, afirma Martínez quien también cree que “ha habido muchos despidos que no se han denunciado por falta de conocimiento de la posibilidad de actuar de otra manera”.

Carlos Salcedo, el conductor con excelentes puntuaciones de los usuarios en la aplicación de Cabify, aseguró en la vista del juicio por su despido en el Juzgado de lo Social número 10 de Valencia que llegó a trabajar 16 horas seguidas. La letrada que representaba a Costa Fleming, la operadora de Cabify, sostuvo que la aplicación impedía conectarse más de diez horas. Sin embargo, varios de los conductores, antes de ser despedidos, fotografiaron los registros horarios que les proporcionaba la aplicación de Cabify y que detalla la duración de cada servicio así como la facturación correspondiente.

Fotografías de la aplicación de Cabify de uno de los conductores correspondiente al 22 de diciembre del

Las fotografías que hizo de sus horarios Javier Martínez muestran, por ejemplo, que el pasado sábado 23 de diciembre, en plenas navidades, comenzó a trabajar a las 00.07 y acabó a las 06.17. A las 18.55 de ese mismo sábado comienza de nuevo hasta las 06.24 del domingo. A las 15.55 del mismo día se reincorpora de nuevo a conducir hasta las 21.55. “Lo que procuraba siempre nuestra empresa es tener las 24 horas del día cubiertas y para ello la mayoría teníamos un horario establecido pero lo variaban cuando les convenía”, dice Javier Martínez.

Los trabajadores despedidos, todos con el mismo perfil (antiguos parados o precarios, mayores de 50 años, con familia y desesperados por obtener ingresos) quedaron asombrados desde el principio con el funcionamiento un tanto distópico de las operadoras de Cabify. “Todo era vía whatsapp”, explica J. “No conoces a nadie y el coche estaba siempre geolocalizado”, añade Víctor Martínez. El grupo de trabajadores planteó sus quejas por las condiciones laborales a la operadora de Cabify que, según la demanda de Salcedo, les respondió: “quien reclame algo lo despedimos, que la bolsa del INEM está llena de gente de más de 50 años con necesidad de trabajar”.

La situación se volvió insostenible, cuentan los conductores. “Todo esto ha creado un clima de miedo en la plantilla al existir amenazas de despido por parte de la empresa hacia los conductores que reclaman algo”, indica la demanda del conductor que finalmente alcanzó un pacto de conformidad por el que la empresa Costa Fleming reconoció que el despido es improcedente, aunque la abogada de la mercantil negó que fuera una represalia. Las condiciones que denunció Salcedo, asegura su escrito de demanda, forman parte del “proceder habitual y normal aplicado por la empleadora a la totalidad de la plantilla”.

La operadora de VTC no contaba con una sede fija en la ciudad: “las reuniones las hacíamos en cualquier lugar, no teníamos despacho u oficina de la empresa que nos permitiera reunirnos”, cuenta Javier Martínez, quien destaca que la empresa nunca respondió a sus demandas por escrito, “todo era a través del teléfono y cuando querían contestarte algo”. En ciertas épocas debían entregar la recaudación en efectivo en aparcamientos públicos o “en una habitación sin identificación ni mesa donde entregabas el dinero y te daban un recibito de papel”. “Antes de la habitación íbamos al parking del McDonald’s de la ronda norte, en la avenida Hermanos Machado”, añade Martínez.

Cabify ofrece al usuario, entre otros aspectos, conductores mínimamente uniformados y agua. Víctor Martínez explica que “debes molestarte en ir a por el agua, te tienes que desconectar de la aplicación y eso cuenta como tiempo de descanso”. Las dos horas de descanso, dicen los conductores, las usaban para limpiar y mantener los coches. En algunos casos tuvieron problemas, en el contexto del enfrentamiento entre el taxi y las operadoras de VTC, y sufrían ataques en los vehículos. A J., en un lavadero, le rajaron “las cuatro ruedas” y la empresa “me descontó el dinero de la nómina”, denuncia visiblemente molesto. La operadora de Cabify tampoco les pagó, según denuncian, una suerte de comisiones pactadas (cuando la facturación era superior a los 3.300 euros en un principio y luego a partir de 3.700, obtenían un 35% de la recaudación).

La magistrada del Juzgado de lo Social número 12 de Valencia condenó a Costa Fleming Sociedad Cooperativa de Madrid a readmitir a uno de los trabajadores aunque no así a Cabify, que figuraba como codemandada, al no haber una relación directa con el trabajador. En el siguiente juicio, el conductor Carlos Salcedo alcanzó un pacto de conformidad. El letrado de Salcedo, del despacho Legem Abogados, sostuvo en la vista del juicio que las operadoras subcontratadas y Cabify constituyen un “grupo patológico” -es decir, que todas las mercantiles forman parte de un mismo entramado- ya que los controladores de los conductores eran los mismos y todos usaban la aplicación y la marca de Cabify.

El resto de demandas por despido, una decena, se resolverán en las próximas semanas. Algunos de los conductores ni siquiera han tenido derecho a paro. Es el caso de Víctor Martínez, que asegura haber firmado una baja voluntaria al creer que iban a cambiar de subcontrata. “Nos dijeron que era un formulismo y ahora no puedo cobrar el paro”, apostilla Martínez. Su compañero Javier defiende que la operadora se ha aprovechado de la delicada situación de los conductores: “siempre buscan perfiles de mayores de 50 años, sabiendo la dificultad que tenemos la mayoría de obtener un trabajo”.

Este diario ha intentado obtener la versión de Cabify pero la empresa ha preferido no hacer declaraciones. Fuentes conocedoras de su funcionamiento sostienen que “quien contrata a los trabajadores y toma las decisiones son los proveedores” y aseguran que Cabify, que dobló su facturación en 2018, tiene “sensibilidad con las condiciones de los trabajadores y por avanzar en mejorarlas”. Así, las mismas fuentes recuerdan el pacto alcanzado con el sindicato UGT. Las operadoras de Cabify “saben que vas a tragar lo indecible”, critica Javier Martínez.

Mientras Cabify se adapta a la nueva regulación en Valencia, los trabajadores despedidos sobreviven como pueden para mantener a sus familias. J. ha estado en paro, menos 21 días que trabajó en Uber. Javier Martínez ha hecho algún trabajo suelto de camarero y Víctor Martínez no ha podido trabajar desde entonces. Carlos Salcedo sigue en el paro. Al finalizar la entrevista con este diario, observan un grupo de turistas que espera en el barrio valenciano de Russafa un vehículo con conductor y se marchan a la Ciudad de la Justicia cargados con sus carpetas de demandas y pruebas.

“Éramos precarios con un trabajo semiesclavo”, dice Javier Martínez al despedirse.

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TAXISTAS DE MÉXICO TOMAN LAS CALLES EN PROTESTA CONTRA UBER Y CABIFY

Integrantes del Movimiento Nacional de Taxistas se manifestaron ayer sobre algunos accesos a la Ciudad de México en protesta contra plataformas de transporte bajo demanda como Uber, Cabify y DiDi.

Ignacio Rodríguez, vocero del Movimiento Nacional de Taxistas de la Ciudad de México, en entrevista para Grupo Fórmula, indicó que cerca de 20 mil taxistas se movilizan en toda la ciudad, principalmente en las avenidas Insurgentes Norte, Tlalpan, Reforma y Zaragoza.

Lo mismo sucedió en avenidas como Eje Central Lázaro Cárdenas, avenida Juárez y 5 de Mayo, en el Centro Histórico.

Los inconformes demandan a la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, dar marcha atrás a los vehículos con aplicaciones extranjeras que dejó la pasada administración.

Durante su manifestación, los taxistas se concentraron en la explanada del Zócalo capitalino y estacionaron sus unidades frente a Palacio Nacional y Catedral Metropolitana. Ahí, instalaron un pequeño templete para hacer sus demandas. También instalaron mantas y cartulinas a sus vehículos.

Alrededor de las 12:00 horas, los manifestantes comenzaron la retirada del Zócalo capitalino y calles aledañas.

De forma ordenada comenzaron a retirarse todos los taxis que pintaron por un momento la plancha del Zócalo de color rosa con blanco y al que se sumaron microbuses y combis de diversas rutas de la Ciudad de México.

Los taxistas amenazaron con regresar a bloquear las principales vialidades de la capital del país si no son atendidas sus demandas.

En tanto, en un evento, la jefa de Gobierno de la capital, Claudia Sheinbaum, dijo que los taxistas tienen derecho a manifestarse y afirmó que hay una mesa de diálogo con ellos. No obstante, consideró que esta manifestación no es necesaria.

SALUT Y BUEN VIAJE

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PROTESTA DELS TREBALLADORS DE GLOBO PER LA MORT D’UN COMPANY ATROPELLAT PER UN CAMIÓ

Volem mostrar el nostre suport a la familia i als amics del treballador de Glovo  mort la nit del dissabte a Barcelona, atropellat per un camió de les escombraries . També volem mostrar la nostra enèrgica condemna de les condicions laborals precàries que imposa la multinacional, que ens acaben matant. Que la terra et sigui lleu. Tot el nostre suport a la familia, amics i companyes de feina.

Des de CNT Barcelona ens posicionem del costat de les treballadores de Glovo  @ridersxderechos. El capitalisme i la precarietat han tornat a assassinar.

Els treballadors  han protestat en la seu de Globo, situat al carrer pallars 94 , per la mort del company, una mort que es veia venir per les condicions de treball dels missatgers de Globo.

La CNT de Còrdova ha presentat una denúncia davant la Inspecció de Treball i Seguretat Social de Còrdova per infracció i incompliment de les normes de legislació social per part de l’empresa de repartiment a domicili Glovo, que funciona a la ciutat des de l’any passat.

La CNT afirma que la relació que uneix a Glovo amb els seus repartidors és de caràcter laboral i que per tant, aquests són falsos autònoms. Així es ve afirmat des de diversos Jutjats socials i des de la Inspecció de Treball, encara que no de forma unànime.

La central sindical denúncia que els “empleats” de Glovo són treballadors, a diferència del que sosté l’empresa. Aquesta consideració té importants conseqüències per als qui presten serveis per a l’empresa, ja que manquen dels drets laborals que la llei i els convenis col·lectius els atorguen.

La “política” de contractació emprada per Glovo, segons la CNT, no és nova, sinó que afecta a molts sectors i està dirigida a reduir costos empresarials, descarregant-los sobre els treballadors, que veuen minvades les seves condicions laborals i es veuen obligats a prestar serveis en condicions precàries.

Entre els arguments que la CNT enumera en la seva denúncia, destaquen que és Glovo qui marca el preu del treball del repartidor, el qual manca de capacitat de negociar el valor del seu treball, característica crucial dels autònoms. D’altra banda, els repartidors estan obligats a utilitzar en la seva indumentària el símbol i la publicitat de Glovo. És a dir, aquestes persones treballen única i exclusivament per a una marca, sense capacitat de vendre al públic el seu producte empresarial i sense poder
publicitar la seva pròpia empresa. A més, és Glovo la que posseeix els autèntics mitjans de producció, que són l’aplicació i la web.

A això se li afegeix, segons indica CNT, que Glovo dóna les instruccions precises sobre com realitzar el servei, fixa temps i normes de comportament, geolocaliza al repartidor, estableix les franges de repartiment i controla als treballadors mitjançant un grup de telegram. En resum, funciona com un empresari que utilitza el seu poder directiu per a organitzar el treball.

El sindicat considera que la política de contractació de Glovo forma part de l’estratègia neoliberal d’eliminar la protecció que proporciona l’Estatut dels Treballadors. D’aquesta manera, empreses com Glovo o Deliveroo augmenten de manera exponencial els seus beneficis econòmics, eviten l’aplicació de convenis i normativa laboral, redueixen costos i carreguen aquests sobre la motxilla dels repartidors que s’enfronten a una doble problemàtica: d’una banda han de continuar
complint ordres empresarials per a poder continuar subsistint, i d’altra banda, es fan càrrec de costos propis de l’empresari (impostos,
seguretat social, etc).

#LaPrecarietatEnsMata  

SALUT I BON VIATGE

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LOS CONDUCTORES DE UBER EN SAN FRANCISCO TIENEN QUE DORMIR EN SUS COCHES PORQUE NO PUEDEN PERMITIRSE UNA CASA CERCA

Transportan clientes por la ciudad, pero no pueden pagarse una vivienda dentro de ella.

Sus familias viven a horas de distancia y ellos hacen noche en el coche: no les compensa ir y volver cada día.

Uber ha salido a bolsa esta semana mientras aumenta la indignación y la precariedad de sus trabajadores.

Todos los sábados por la mañana, antes del amanecer, Sultan Arifi enrolla el saco en el que ha dormido dentro de su coche, lo mete en el maletero y se prepara para otro día de trabajo conduciendo un Uber. Le esperan doce horas recorriendo las calles de San Francisco, recogiendo al máximo número de pasajeros antes de regresar al parking de una tienda de comestibles al norte de la ciudad. Allí dormirá seis horas, a veces menos, para volver a levantarse lo más pronto posible el domingo y repetir la jornada.

Arifi tiene 35 años, viene de Afganistán y vive con su esposa y sus cuatro hijos en un apartamento en Modesto, a 80 kilómetros de San Francisco. Forma parte del creciente número de conductores de Uber que los fines de semana duermen dentro de sus coches, aparcados a lo largo de la Bahía. Algunos recorren trayectos de hasta ocho horas desde sus casas hasta la ciudad, a donde vienen a ganarse la vida.

El miércoles, Arifi decidió sumarse a la huelga de 12 horas de los conductores de Uber en San Francisco y en otras siete ciudades estadounidenses, en protesta por los salarios bajos de la compañía. Su reclamación, que coincide con la salida a bolsa de la empresa a finales de esta semana, incluye cuatro grandes demandas: salario digno, transparencia en la toma de decisiones, ventajas laborales y tener voz en las decisiones corporativas.

“Sólo se preocupan por sí mismos”, opina Arifi sobre los dirigentes de Uber. “Nosotros no les importamos”, apunta. En su opinión, “los conductores representan la principal fuente de ingreso para estas empresas”: “Ellos no pierden dinero, somos nosotros los que perdemos dinero. Perdemos nuestro tiempo trabajando hasta altas horas de la noche, durmiendo en sitios como este porque tenemos que hacerlo, tenemos que hacerlo para ganar dinero”, sentencia.

Menores salarios y aumento de costes

Uber acaba de salir a Bolsa mientras crece el malestar entre sus conductores que, como Arifi, critican no estar recibiendo su parte de los ingresos crecientes de la compañía.

La compañía ha sido valorada en 91 mil millones de dólares (81 mil millones de euros), lo que convertiría en multimillonarios a varios de los ya millonarios miembros del consejo de administración. Sin embargo, tanto los conductores de Uber como los de Lyft, la empresa rival  que salió a Bolsa en marzo, perciben un salario medio de sólo 8,55 dólares (7,60 euros) por hora sin contar los impuestos. Una cifra que no alcanza el salario mínimo regulado por el estado de California de 11 dólares (9,80 euros), pero que sí se sitúa por encima de los 7,25 dólares (6,45 euros) la hora del salario mínimo nacional.

Uber no ha contratado a nuevos conductores en Nueva York desde que el estado reformó la legislación local obligando a la empresa a subir a 17 dólares (15 euros) la remuneración por hora. De esta manera las autoridades garantizaban que los conductores llegasen al salario mínimo de 15 dólares por hora (algo más de 13 euros), la mínima para poder vivir, según las organizaciones sindicales de la ciudad. San Francisco todavía no ha introducido modificaciones similares.

La empresa anunció en un comunicado que quiere repartir unos 300 millones de dólares (267,5 millones de euros) en bonus a 1,1 millones de conductores seleccionados de todo el mundo antes de salir a bolsa “para reconocer a los conductores que han participado en su éxito”.

La compañía asegura que seguirá trabajando junto a los conductores para mejorar sus condiciones: “Los conductores son el corazón de nuestro servicio, no podemos tener éxito sin ellos, y miles de empleados de Uber vienen a trabajar todos los días con el objetivo de mejorar su experiencia dentro y fuera de la carretera”, declaró un portavoz.

Sin embargo, conductores como Arifi consideran que estas medidas no son suficientes y que están cobrando mucho menos que antes. Ahora tiene que trabajar casi el doble de horas, asegura, para llevar a casa la misma cantidad de dinero que cuando empezó a conducir. “Para ganarnos la vida y sobrevivir en San Francisco tenemos que conducir entre 70 y 80 horas a la semana”, cuenta Arifi. “El coste de vida sigue subiendo mientras Uber disminuye la cantidad que paga a los conductores”, denuncia.

Los conductores critican que la empresa ha aumentado el porcentaje que obtiene de cada viaje, a pesar de la subida que están sufriendo los precios de la gasolina. De acuerdo a la información financiera que presentó la empresa antes de salir a bolsa, a finales de 2018 Uber retenía en promedio el 21% de los ingresos por cada viaje. Sin embargo, en las capturas de pantalla de la aplicación de los conductores se comprueba que, en algunos viajes, ellos apenas se quedan con el 30% de la tarifa.

En el último trimestre de 2018, Uber contaba con a 3,9 millones de conductores registrados en su plataforma. De ellos, 50.000 trabajan en San Francisco.

Mohammad Sadiq Safi se mantiene gracias a su coche cuatro días de la semana, para lo que tiene que recorrer cerca de 145 kilómetros para llegar al Área de la Bahía desde su casa en Sacramento. La semana pasada obtuvo 28 de los 72 dólares (25 euros de un total de 64, lo que no llega al 40% del total) que el cliente pagó por ir desde el aeropuerto de San Francisco, cerca de Millbrae, hasta la ciudad. Y antes de volver a casa, Safi completó 130 viajes en cinco días. “A Uber no le importamos, lo puedes ver en lo que nos pagan”, explica el conductor, que envía dinero a Afganistán para que su esposa y sus cinco hijos se reúnan pronto con él en Estados Unidos. “Cada semana tengo que hacer más viajes para cubrir mis gastos”, señala.

Preocupaciones de salud y seguridad

Mohammad Abdulrahimzai, otro conductor que durante los fines de semana duerme en el aparcamiento de la tienda de comestibles, quiere organizarse con sus compañeros. Está cada vez más indignado por los altos costes y los bajos salarios. Su esposa teme por su vida. Le preocupa el riesgo de conducir tantas horas durmiendo tan poco.

Desde febrero de 2018 Uber exige a los conductores descansar cuando alcanzan las doce horas de trabajo. Sin embargo, lo que hacen algunos conductores es pasar de Uber a Lyft cuando llegan a ese límite de seguridad. Según un estudio de 2018 de la Universidad de Chicago, los accidentes de coche mortales aumentaron en las ciudades donde las dos empresas, Uber y Lyft, estaban implantadas.

“Este trabajo no es lo suficientemente seguro para lo poco que se gana”, denuncia Abdulrahimzai. “El tiempo es mío, la gasolina es mía, el coche es mío… Estoy invirtiendo mucho y ellos se quedan cada vez con más”, se queja.

La esposa de Abdulrahimzai vive con sus hijos de 10 y 5 años en Modesto. El conductor se indigna al contar los costes que Uber no cubre, como el aumento del precio de la gasolina o las multas por aparcar en doble fila para recoger a un pasajero. Hace poco le pusieron una multa de 110 dólares (98 euros) por esperar a una pasajera que no estaba lista cuando él llegó. Calcula que de promedio gana unos de 10 dólares (casi 9 euros) por hora trabajando para Uber. Todos los días busca un empleo diferente.

La salida a bolsa fue la gota que colmó el vaso. “Los fundadores ganarán miles de millones de dólares mientras los conductores ganan cada vez menos”, declara. “En los términos y condiciones de Uber hay lindas palabras y comentarios sobre los conductores pero la realidad no tiene nada que ver con eso”, sentencia.

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“TRABAJADORES, NO ESCLAVOS” CONDUCTORES DE UBER Y LYFT PROTESTAN POR MEJORES SALARIOS EN DISTINTAS PARTES DEL MUNDO

Los conductores de Uber y Lyft se declararon en huelga, apagaron sus aplicaciones y salieron a las calles para pedir mejores condiciones de empleo. Con manifestaciones organizadas en ciudades de EEUU, Europa y América Latina los choferes esperan la oferta pública inicial de Uber (IPO) prevista para el viernes, donde la empresa espera recaudar unos 9,000 millones de dólares.

Conductores de Uber y Lyft de todo el mundo apagaron sus aplicaciones para exigir mejores salarios, en momentos en que estas compañías están recibiendo miles de millones de dólares de sus inversionistas. En la fotografía los empleados de estos sistemas de transporte protestando en las calles de Nueva York.

Un conductor de Uber pinta varios autos con mensajes de protesta en Sao Paulo, Brasil. En EEUU hubo manifestaciones en diez ciudades, entre ellas Chicago, Los Ángeles, Nueva York y San Francisco, además de Londres y otras urbes europeas.

Una concurrida manifestación de conductores frente a las oficinas de Uber en Londres, Reino Unido. La protesta se realiza en vísperas de la oferta pública inicial de Uber, prevista para el viernes. La empresa espera recaudar 9,000 millones de dólares y prevé una valoración de 91,500 millones.

No es la primera vez que protestan los trabajadores de estas empresas. Se planearon huelgas en varias ciudades en vísperas de la Oferta Pública Inicial de Lyft el mes pasado, aunque los trastornos para los clientes aparentemente fueron mínimos. En la protesta de hoy participan más ciudades.

“Mejor pago para los conductores” se lee en el cartel que lleva en la parte frontal un auto de Uber en el puente de Brooklyn, Nueva York. En esa ciudad los huelguistas apagaron sus servicios a las 7 de la mañana y planeaban permanecer inactivos hasta las 9, aunque era fácil conseguir un conductor durante la hora pico cerca del distrito financiero de Wall Street el miércoles.

“Aplicación apagada” dice el cartel visto en la protesta de Uber y Lyft en Sao Paulo, Brasil. Los conductores en Los Ángeles planean un paro de 24 horas y un piquete en el aeropuerto internacional.

“Inviertan en nuestras vidas, no en sus acciones”. La imagen es de la manifestación de conductores este miércoles en la Gran Manzana. Uber dijo en un comunicado que se esfuerza constantemente por mejorar las condiciones de trabajo de los conductores. “Trabajadores, no esclavos” se lee en otro cartel que lleva un auto de Uber por el puente de Brooklyn, en Nueva York.

“Los conductores son el corazón de nuestro servicio, no podemos tener éxito sin ellos y miles de personas vienen a trabajar en Uber diariamente pensando en cómo mejorar su experiencia en y fuera de la calle”, agregó el comunicado de Uber. Para los conductores, que no poseen beneficios salariales, estas palabras no son suficientes.

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TAXISTAS ALEMANES PROTESTAN EN 30 CIUDADES POR LA LIBERALIZACIÓN DEL SECTOR

Taxistas de 30 ciudades alemanas iniciaron este miércoles una protesta contra los planes gubernamentales para liberalizar el mercado, lo que provocó grandes atascos en centros urbanos y el bloqueo de los accesos a algunos aeropuertos.

La propuesta, que está elaborando el Ministerio de Transporte, prevé eliminar algunos de los requisitos que precisan ahora las empresas de movilidad como Uber, que en la actualidad opera tan sólo en Berlín, Múnich, Düsseldorf y Fráncfort.

Los manifestantes, convocados por la Federación de Taxistas y Coches de Alquiler (BZP), aseguran que ven en riesgo su propia supervivencia económica con la llegada de nuevos competidores en condiciones que consideran desiguales.

“Se trata de una pregunta crítica: ¿Debe estar el servicio público de transporte de personas también en el futuro a disposición de los ciudadanos o debe quedar a merced de intereses económicos privados?”, aseguró en un comunicado el presidente de la BZP, Michael Müller.

A su juicio, el documento que ha trascendido con los puntos principales de la reforma que ha propuesto el ministro de Transporte, Andreas Scheuer, “beneficia asimétricamente a Uber y compañía, y perjudica a los taxis”. “La competencia justa es otra cosa”, apostilló.

El ministro de Transportes se citó con los taxistas en la icónica Puerta de Brandeburgo de Berlín, donde terminó una protesta de cientos de taxis en caravana a velocidad mínima, para conocer en primera persona sus reivindicaciones.

“Necesitamos los taxis, también en el futuro”, se limitó a decir a través de su cuenta personal en Twitter en un vídeo grabado desde el asiento de atrás de un taxi.

Además de colapsar el centro de Berlín, los taxistas bloquearon el acceso al aeropuerto de Tegel, impidiendo que accediesen los vehículos de Uber, pero también el transporte público. Muchos viajeros se quejaron en las redes sociales por tener que llegar a pie a las terminales, arrastrando sus maletas.

En Hamburgo, Düsseldorf, Wiesbaden, Stuttgart y Dresde también se vivieron protestas que dificultaron el tráfico rodado.

Un portavoz de Uber señaló a medios alemanes que los taxis son para su empresa un “importante socio” y que comparten con ellos el interés por que el ciudadano medio deje más a menudo en casa su vehículo privado.

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LOS TAXISTAS TOMAN EL CENTRO DE BUENOS AIRES EN PROTESTA CONTRA UBER Y CABIFY

Centenares de taxistas inundaron este jueves el centro de Buenos Aires con una flota negra y amarilla en señal de protesta por la actividad de plataformas de transporte como Uber y Cabify, que consideran que están precarizando el gremio y llevando a cabo una competencia desleal.

Tres años después del desembarco de Uber en Argentina, tanto propietarios de taxis como peones -que manejan coches de otro dueño-, se desplazaron desde diferentes puntos de la ciudad hasta la Casa Rosada, sede el Gobierno argentino, para entregar un documento en el que expusieron la delicada situación que vive el sector.

En noviembre, el Gobierno porteño aprobó una ley para frenar el avance de esta aplicación de transporte privado al endurecer las penas a quienes transporten pasajeros de manera ilegal, como hace la plataforma, pero Uber sigue operando en Buenos Aires.

“Nos causa mucha extrañeza cómo son firmes para movilizar toda la infantería para desalojar a los manteros, que son presuntamente ilegales, y aparentemente no hay herramientas para desalojar a estos ilegales”, aseveró Villalba.

Por otra parte, la aplicación de transporte Cabify sí está legalizada como remisería (empresa de vehículos de transporte con conductor), pero muchos de los participantes en la manifestación la siguen considerando ilegal.

Sobre la modernización del sector del taxi, el representante sindical incidió en que también están avanzando muchísimo, ya que se lanzó la aplicación BATaxi, con un funcionamiento similar al de otras plataformas, por la que el pasajero puede convocarles y ellos acuden.

Gustavo Centurión, que lleva 26 años ejerciendo como taxista, atendió a Efe de camino a la sede gubernamental, rodeado de compañeros que ondeaban banderas amarillas y negras -colores de los taxis porteños- y tocaban la bocina como señal de reivindicación.

Centurión aseguró que esta es “la peor crisis” que ha vivido el gremio, por lo que tiene trabajar más de doce horas al día.

“No solamente en el sector sino en todo el país, la crisis económica que estamos atravesando es terrible y para colmo, tenemos esta contra que es Uber, Cabify y todo esto que nos está complicando”, lamentó.

La queja más repetida entre los asistentes a la movilización es que estas aplicaciones de transporte no cuentan con los mismos registros, seguros, ni conocimientos que a ellos se les exige.

“A nosotros todos los años nos hacen hacer un curso de seis horas para decirnos a qué velocidad se puede circular por una autopista o dónde está el Congreso o la Casa Rosada”, detalló Patricia, que comparte la profesión de taxista con su marido.

Sin embargo, criticó que a Uber no se le exige nada de eso y pueden recoger pasajeros “tranquilamente” y “no pasa nada”.

“Ojalá se haga justicia y ojalá la ley se haga pareja para todos. Si vos te ponés al lado mío en un remís, Uber o lo que sea, te exigen lo mismo que a mí y cobrás lo mismo que yo, te aplaudo. Pero no me vengas a robar mi trabajo, porque nos están robando el trabajo”, expresó la taxista.

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UBER DEBERÁ PAGAR 20 MILLONES DE DÓLARES POR UNA DEMANDA LABORAL DE CONDUCTORES

Conductores de California y Massachusetts demandaron a la empresa por considerarlos trabajadores independientes y no abonarles un salario mínimo.

Uber acordó pagar 20 millones de dólares para resolver una demanda que acusa a la plataforma de reserva de vehículos de tratar a los conductores como contratistas independientes y así evitar pagarles el salario mínimo y brindarles beneficios.

El acuerdo presentado el lunes por la noche señaló que las partes involucradas en la demanda todavía mantienen una disputa con respecto a si se les debe pagar una cantidad específica de salarios a los conductores.

El acuerdo propuesto requiere la aprobación de un juez federal que preside el caso.

La demanda, presentada en agosto de 2013, cubre a los conductores de Uber en California y Massachusetts que proporcionaron viajes para pasajeros desde ese momento hasta el 28 de febrero de este año y que no estaban sujetos a una cláusula de arbitraje.

Se calcula que 13.600 conductores están afectados. Uber se enfrenta a una gran cantidad de reclamos de arbitraje por parte de conductores que no están representados por la demanda colectiva.

“Uber ha cambiado mucho desde 2013”, dijo la compañía con sede en San Francisco en un comunicado, señalando que ha agregado un programa de recompensas para el conductor, así como una opción para que los pasajeros puedan dar propinas a los conductores.

“Nos complace llegar a un acuerdo sobre este asunto y continuaremos trabajando duro para mejorar la calidad, la seguridad y la dignidad del trabajo independiente”.

El acuerdo también solicitó que Uber realice cambios que no le permitan desactivar las cuentas de los conductores por aceptar pocos viajes y la creación de un proceso de apelación para los conductores desligados del servicio.

El acuerdo no resuelve la gran pregunta de si los conductores de Uber son contratistas independientes o si deben ser considerados por la ley como empleados con derechos relacionados con el pago, las gratificaciones y los beneficios.

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LA COMUNIDAD DE MADRID RECHAZA LA PROPUESTA DE LOS TAXISTAS QUE CELEBRARÁN UN REFERÉNDUM MAÑANA MARTES

La reunión que ha mantenido la Comunidad de Madrid con el sector del taxi esta tarde para tratar de desbloquear la huelga que mantienen los taxistas desde hace dos semanas ha acabado sin acuerdo. La Consejería de Transportes ha citado para el próximo lunes a todos los actores implicados, entre ellos las VTC mientras cientos de taxistas ahora mismo reunidos en la Puerta del Sol aseguran que no se moverán hasta que hablen con sus representantes sindicales. La Comunidad rechaza así la propuesta del sector del taxi, mientras los taxistas se preparan para celebrar mañana martes un referéndum.

Ni el Gobierno regional ni los taxistas han hallado un acuerdo sobre la propuesta de regulación exprés anunciada por el presidente regional, Ángel Garrido. Desde la Comunidad de Madrid se plantea ahora la posibilidad de hacer un reglamento nuevo que incluya el taxi compartido y la posibilidad de tarifas fijas y así lo trasladará a las partes en la próxima reunión del lunes.

Los taxistas llevaban la última semana solicitando por activa y por pasiva una reunión con la Comunidad de Madrid. Su estrategia de presión en la calle había aflojado voluntaria y unilateralmente, “como gesto de buena voluntad”. Por fin, el sector del taxi obtiene ese encuentro con la consejera de Transportes, Infraestructuras y Vivienda, Rosalía Gonzalo para intentar resolver un conflicto que tiene a los 15.723 taxistas de Madrid en huelga desde hace 15 días.

Será hoy en la sede de la Consejería a las 17:30 y en ella se abordará la última propuesta del gremio, la cuarta según los taxistas, la segunda según fuentes de la Comunidad. Coincidirá el encuentro con la manifestación de Sol que los taxistas llevan realizando desde hace más de una semana y que, en más de una ocasión, ha derivado en una ocupación de las calles aledañas: Gran Vía, Alcalá, Cibeles y el Paseo del Prado.

El pasado jueves por la noche, los taxistas remitían de manera telemática a la Consejería de Transportes una propuesta libre de “líneas rojas”. Especialmente retiraron, según ellos, el recorrido mínimo y la polémica precontratación. No obstante, la precontratación sí que estaba incluída y definida en el texto sólo que remitía su especificación al Ayuntamiento de Madrid.

No obstante, el propio presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, ya les advertía en un acto la mañana siguiente que “no permitirían la ‘vía Colau’ o la ‘vía Carmena’ para que se legislara por la puerta de atrás”. Y hoy reiteraba, pese a la reunión prevista, que no aceptará legislar contra los vehículos de transporte con conductor (VTC) y ha reclamado a los taxistas que “presenten propuestas para competir mejor” y que finalicen la huelga ya que les está perjudicando “en lo personal, en lo económico y en lo reputacional”.

El presidente de la Federación Profesional del Taxi de Madrid, Julio Sanz, ha asegurado que están preparados para una huelga “larga e intensa” y ha informado de que asociaciones del sector están gestionando líneas de microcréditos para apoyar a los compañeros tras 15 días de paro.

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DESMONTANDO A LAS VTC: SON NEGOCIOS SOBRE RUEDAS, NO ECONOMÍA COLABORATIVA

Tanto la UE como los expertos tienen claro que las plataformas no ofrecen un mero medio de contacto entre usuarios y conductores para compartir coches sino que son negocios autónomos con trabajadores subordinados que le disputan la clientela al taxi.

“Este servicio de intermediación forma parte integrante de un servicio global cuyo elemento principal es un servicio de transporte y, por lo tanto, que no responde a la calificación de ‘servicio de la sociedad de la información”, sentencia, con claridad, el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) sobre los servicios de VTC (alquiler de vehículos con conductor), cuya actividad, que lleva años comiéndole terreno al taxi, ha provocado una conflictiva huelga general en este sector que ha puesto patas arriba la movilidad en Madrid y en Barcelona.

No se trata, pues, de economía colaborativa sino de empresas puras y duras que buscan su rentabilidad en el transporte terrestre de pasajeros, como el taxi, el autobús y el tren, aunque con la particularidad de basar su modelo de negocio en el contacto con el cliente a través de webs y de aplicaciones de telefonía móvil y de establecer unas condiciones homogéneas en la prestación de ese servicio.

Plataformas como Uber y Cabify, entre otras, y las empresas que les proporcionan miles de vehículos y conductores en todo el país, nacieron al socaire de la ambigua y contradictoria normativa europea sobre la llamada economía colaborativa, que obvia entrar en las relaciones mercantiles y laborales que pueden darse en ella pese a recoger que, en el caso del transporte de personas, participan prestadores del servicio (conductores), clientes e intermediarios (plataformas), como ocurrió con la Agenda Europea para la Economía Colaborativa de junio de 2016, y pesar de admitir que, en general, además del modelo de contacto entre consumidores, ya sea con o sin ánimo de lucro, existen los formatos negocio-cliente y empresa-empresa, como indica el dictamen sobre “Consumo colaborativo o participativo: un modelo de sostenibilidad para el siglo XXI” del Comité Económico y Social Europeo.

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El TJUE tiene claro que la actividad de ese tipo de plataformas supone “un servicio de intermediación (…) indisociablemente vinculado a un servicio de transporte”, por mucho que, sobre el papel, el núcleo de su negocio tenga “por objeto conectar, mediante una aplicación para teléfonos inteligentes, a cambio de una remuneración, a conductores no profesionales que utilizan su propio vehículo con personas que desean efectuar un desplazamiento urbano”.

Sobre el papel, ya que instituciones como la Inspección de Trabajo catalana sostienen que los chóferes son, en realidad, empleados elegidos tras un proceso de selección para operar en una plataforma en la que la afiliación no es voluntaria. Y las propias VTC amenazaron el lunes en Barcelona con un ERE de un millar de empleos, algo que solo es posible con asalariados. Ni Uber ni Cabify respondieron a las peticiones de este diario para tratar estos extremos.

“Ejerce una influencia decisiva sobre las condiciones”

“A través de las plataformas se está globalizando el comercio con trabajadores precarizados”, explica Alberto Valdez, profesor de Derecho del Trabajo en la Complutense, para quien resulta “evidente que las VTC son empresas y no economía colaborativa. Eso es una falsedad. Quizás en un principio sí se compartía coche, pero de eso hace mucho tiempo ya y pronto se detectó que era una actividad profesional”, por mucho que “Uber y Cabify se presentan como empresas que prestan un servicio diferente al taxi”.

Pero no lo es, y ahí está una de las claves de la movilización de estos días: el taxi y la VTC compiten por un mismo recurso económico, que es el cliente que quiere desplazarse en automóvil, con precios más bajos en el segundo caso. “El taxi tiene trazas de monopolio, con compras y ventas de unas licencias que son limitadas. Y ahora quien ha pagado mucho dinero por uno de esos permisos ve amenazada su inversión”, señala Valdez.

Con todo, la venta de licencias no afecta únicamente al taxi. Estos días se puede optar a un paquete de diez autorizaciones de VTC en Castilla-La Mancha a 12.000 euros la unidad, diez a 37.000 en Madrid, 35 a 19.900 en Málaga o un bloque de 40 en Madrid y Andalucía por 1,75 millones en un conocido portal de anuncios.

Este animado mercado hace difícil determinar en qué manos están las 13.125 licencias vigentes en España, según datos del Ministerio de Fomento, por 65.973 de taxi, en una proporción de uno a cinco. La mitad, 6.559, operan en Madrid, donde la relación es casi de uno a dos con 15.576 taxis.

No obstante, ese mismo registro da pistas sobre la concentración de licencias: dos de las que amenazan con el ERE en Barcelona, Vector Ronda Teleport, vinculada a Cabify y dirigida por Rosauro Varo, hijo de la diputada socialista Juana Amalia Rodríguez, y Forever Tours Dream, acumulan, respectivamente, 250 y 350, el grueso de ellas en la capital catalana. Algunas informaciones periodísticas atribuyen el control de hasta 4.100 a firmas como Moove, asociada al fondo estadounidense King Street y dirigida por Jaime Castellanos, presidente de la Banca Lazard en España y familia de los Botín, y 3.000 a Auro, que trabaja con Cabify.

Las plataformas de VTC también tienen puertas giratorias y han fichado a expolíticos en los últimos meses. Ildefonso Pastor, exsenador del PP, es desde hace dos años y medio responsable de Relaciones Institucionales de Uber España. Isaac Martín Barbero, expresidente de Ineco, una empresa pública de consultoría e ingenieria de transportes de Fomento, ocupa desde octubre el puesto de Chief Cities and Communities Officer en Cabify, donde coordina las áreas de marketing, responsabilidad social y recursos Humanos. Y la consultora Diplolicy, que dirigen los exdiputados de CiU Xavier Cima, esposo de Inés Arrimadas, y Roger Montañola, lleva año y medio trabajando para Uber.

“No se limita a un servicio de intermediación”

La propia sentencia del TJUE que supeditó la actividad de las VTC a la obtención de licencias de la Administración abunda en los rasgos de carácter empresarial de este modelo de transporte de pago.

Así destaca que Uber “crea al mismo tiempo una oferta de servicios de transporte urbano” con un servicio de intermediación que “se basa en la selección de conductores no profesionales que utilizan su propio vehículo, a los que esta sociedad proporciona una aplicación sin la cual, por un lado, estos conductores no estarían en condiciones de prestar servicios de transporte y, por otro, las personas que desean realizar un desplazamiento urbano no podrían recurrir a los servicios de los mencionados conductores”.

Paralelamente, influye de manera clara “sobre las condiciones de las prestaciones efectuadas por estos conductores”, como establecer y cobrar el precio máximo de la carrera para después entregar una parte al conductor (o un salario, si es un trabajador contratado), y “ejerce cierto control sobre la calidad de los vehículos, así como sobre la idoneidad y el comportamiento de los conductores, lo que en su caso puede entrañar la exclusión de estos”.

“No se limita a un servicio de intermediación consistente en conectar” a cliente y chófer, concluye, sino que “ejerce una influencia decisiva sobre las condiciones de las prestaciones efectuadas por estos conductores”.

Selección, condiciones, subordinación y dependencia

El modelo de negocio de Uber y Cabify, no obstante, no difiere mucho del que aplican otras plataformas centradas en el taxi como MyTaxi, que también realiza una selección previa y cuyos afiliados deben acatar un código de conducta con condiciones de calidad y someterse a una doble valoración, del cliente y del intermediario, que puede conllevar su expulsión en caso de resultados negativos.

En el segundo rasgo coinciden con algunas cooperativas de taxistas. Sin embargo, tanto en estas como en MyTaxi las carreras de clientes captados en la calle tienen preferencia sobre las que ofrece la plataforma.

Y hay otras diferencias, como el hecho de no ser asalariados sino cooperativistas que pagan una cuota “gremial” para mantener el servicio, o adheridos, según el caso, y que quien cobra el servicio es el conductor, cuya relación laboral carece de los rasgos de subordinación y dependencia, a menudo con contrato y en otros como falso autónomo o como Trade (autónomo dependiente), que se da en las compañías de VTC.

“Lo esencial en la cooperativa es el negocio del taxista, no el del intermediario que lo contacta con el cliente”, anota Valdez, que destaca cómo en las plataformas “se desdibuja la figura del autónomo”. “Los conductores que circulan en el marco de la plataforma Uber no ejercen una actividad propia que exista de manera independiente de dicha plataforma. Al contrario, esta actividad únicamente puede existir gracias a la plataforma, sin la que no tendría ningún sentido”, sostiene el Abogado General de la UE, Maciej Szpuznar.

Protección de los consumidores y efectos sociales y tributarios

La actividad de las VTC, por otra parte, no solo ha colisionado con el sector del taxi. La organización de consumidores Facua presentó el viernes sendas denuncias ante los gobiernos autonómicos de Andalucía, Catalunya, la Comunitat Valenciana, Galicia y Madrid en las que acusa a Cabify de vulnerar las normas de protección de los consumidores en materias como los retrasos, los cargos indebidos y la cobertura de daños, así como de incumplir la reglamentación sobre agencias de viajes.

“Bajo el paraguas de la supuesta economía colaborativa han surgido negocios que han dejado una realidad palpable de falsos autónomos y de precariedad laboral. No hay un equilibrio entre los puestos que se han generado en la logística y la distribución y los que se han destruido en el comercio con las plataformas tecnológicas”, anota Valdez.

En otros casos, negocios surgidos al amparo de la economía colaborativa, con la finalidad aparente de facilitar el intercambio de bienes y servicios entre particulares, han acabado convirtiéndose en gigantes como Ebay o Air BNB, de planteamientos claramente empresariales que van más allá de la mera intermediación sostenible, lo que ha llevado a distintos ayuntamientos y a la propia Agencia Tributaria a intervenir en su actividad ante sus efectos sociales en unos casos y ante la escasa, nula en ocasiones, tributación en otros.

Paralelamente, fórmulas digitales como el crowfounding o el micromecenazgo derivan a menudo en meros sistemas de venta anticipada de productos y servicios./Publico

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