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SESIONES DE JAZZ EN EL TAXI

BASAURI – Carlos Velasco, que ha editado un disco recientemente, compagina las profesiones de músico y taxista.

CARLOS no pierde el tiempo dentro del taxi. Mientras espera pacientemente a que un cliente le haga pulsar el taxímetro, él ensaya con una pequeña guitarra eléctrica temas de jazz. Los que le conocen no se extrañan. Saben que Carlos es un experimentado músico que compagina las actuaciones musicales y las giras con el taxi. Así lo hace desde hace siete años para poder dar una mayor “una estabilidad económica” a su vida y no abandonar la música, que es su verdadera vocación. Porque Carlos siempre se ha considerado un músico profesional. Su currículum, extenso y variado, así lo confirma. Ha girado, como se dice en el argot musical, con Mocedades, Alejandro Sanz, El Consorcio, Jeanette o Armando Manzaneda, entre otros, y ha obtenido importantes premios en prestigiosos concursos de jazz. Recientemente ha publicado un álbum titulado Muy personal, donde ha intentado plasmar toda su trayectoria musical. Del taxi sólo le disgusta trabajar de noche, y no por lo horarios, sino por “la gente, que en muchas ocasiones se muestra muy irrespetuosa”. Su futuro, por ahora, seguirá ligado a la música y al taxi, un binomio que a Carlos le compensa.

Su padre era un gran aficionado al flamenco. Por eso en su casa de Basauri nunca faltó una guitarra. Carlos logró sacarle los primeros acordes a los cinco años gracias al empeño de su progenitor. Sin embargo, no fue hasta unos años más tarde cuando empezó de verdad a “meter horas y a tocar cositas”. Los siguientes pasos fueron los naturales en un joven apasionado por la música. Fue tocando en diferentes grupos locales hasta que un buen día le comenzaron a llamar para ir de gira con grupos consagrados. Se fue metiendo de lleno en un mundo que no se caracteriza precisamente por la estabilidad económica. “Siempre que volvía de gira”, recuerda ahora, “pensaba que tenía que buscarme algo de cara al futuro porque ya estaba casado y tenía dos hijos”. En esas estaba cuando en uno de los desplazamientos se le encendió la lucecita. “Tenía que ir a Tenerife a tocar, así que llamé a un taxi para ir al aeropuerto do de Loiu. En el trayecto me comentó el taxista que estaba a punto de jubilarse y eso me dio una idea”, cuenta sentado al volante de su taxi. Tras aquel fin de semana en Canarias, Carlos comenzó a moverse para conseguir una licencia en Basauri. “Vi que las condiciones eran factibles y me animé”, cuenta. Eso sucedió el año 2005.

Flexibilidad El balance de estos siete años como taxista es positivo, “aunque con la crisis y la llegada del metro a Basauri la cosa está muy mal”, aclara. Está contento porque le permite compaginar con la música. “Elegí esta profesión”, resalta, “porque yo soy jefe y empleado a la vez, lo cual me da mucha libertad y flexibilidad de horarios”. De esa forma, reconoce que “si un día tengo una actuación o un ensayo puedo cambiar el turno como yo quiera”. También dice que ser profesional del transporte le posibilita “tener un espacio para estudiar”. Carlos tiene instalado en el salpicadero del taxi un ordenador portátil que le sirve para escuchar música y como instrumento de trabajo. Pero el verdadero instrumento con el que ensaya es una pequeña guitarra eléctrica. “Como actualmente hay poco trabajo, tenemos muchas horas muertas en las paradas, así que yo las utilizo para repasar cosas o preparar temas”, dice. Reconoce que es una buena terapia “para no caer en depresión y darle muchas vueltas a la cabeza, aunque a veces no toco ni oigo nada de música porque también hay que desconectar de vez en cuando”. Los clientes que no le conocen se asombran cuando entran en el coche y ven a un hombre tocando la guitarra. “La gente, que es muy educada y respetuosa, se extraña y me dicen cosas como: oh, ya siento molestar, y yo les contesto: ojalá me molestaran más veces porque eso significaría que tengo trabajo”. El respeto, según Carlos, se suele perder por la noches. “Cada vez me gusta menos trabajar de noche; lo llevo peor porque la gente va con copas, lleva otra onda y hay más problemas”. Pero no queda más remedio que seguir al volante. “Hay que llegar a fin de mes y hay muchos gastos”, señala.

Pulpo Pero como Carlos tiene la teoría de que el músico “ha de ser como un pulpo, tener muchos tentáculos”, siempre se está buscando la vida. “Ahora he empezado a dar unas clases en una academia de Llodio y dentro de poco también lo haré en Bilbao”, dice. Imparte clases de jazz, “que es lo que verdaderamente me gusta”. No es la primera ocasión que enseña la técnica musical de la guitarra a los jóvenes. Ya lo hizo en otras épocas en academias particulares, pero lo dejó porque “se pagaba mal y sin seguridad social”. Dentro del mundo de la enseñanza, intentó entrar en escuelas municipales de música. No lo consiguió pese a tener un interesante currículum. “Yo he sido autodidacta en mi formación”, aclara, “pero fui al Conservatorio tres años, cuando ya giraba con Mocedades, para aprender a leer y adaptar la técnica de la guitarra clásica a mi forma de tocar, ya que yo lo hago con púa y dedos”. Un técnica que asimiló y le enriqueció como guitarrista. La misma que ha volcado en el disco que acaba de publicar. “Lo he llamado Muy personal“, dice, “porque lo he dedicado a mi mujer y mis hijos”. Una mujer que le entiende, porque también le gusta la música, y le acompaña en la autocaravana en las giras. Y Carlos no se cansa del volante.

SALUT Y BUEN VIAJE.