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RETRATOS DE LA INTENSA VIDA EN EL ASIENTO TRASERO DE UN TAXI

Ryan Weideman fotografió durante cuatro décadas a sus clientes en las movidas noches de Nueva York.

Ryan Weideman llegó a Nueva York en 1980. “Estaba inspirado por los grandes fotógrafos de todo el mundo, pero especialmente por los de la ciudad de los rascacielos”, explica el artista estadounidense a La Vanguardia. Ser parte de esa élite mundial, sin embargo, no iba a ser un objetivo fácil de alcanzar.

“Conducir un taxi estaba muy lejos de mis pretensiones”, recuerda. Pero algo tenía que hacer para sobrevivir. “Había alquilado el típico apartamento para artistas. Un espacio pequeño, de solo 18’5 metros cuadrados, viejo y con agua fría. Y tenía solo 300 dólares en la cartera”, reconoce. No tenía demasiadas opciones.

“Ryan Weideman llegó a Nueva York en 1980 con 300 dólares en la cartera”

Así que cuando un vecino taxista le invitó a trabajar con él una noche, Weideman no se pudo negar. Quién le iba a decir que acababa de tomar una decisión que le cambiaría la vida para siempre y que le acercaba sobremanera a su objetivo de ser un fotógrafo reconocido. El resto lo puso su talento.

Tras pasarse cuatro décadas retratando a sus clientes, Ryan Weideman es ahora un galardonado y reconocido artista que ha expuesto su obra en importantes museos de Estados Unidos. Y, por primera vez en 10 años, el fotógrafo mostrará públicamente parte de su trabajo en el Espronceda Center for Art Culture de Barcelona a partir de este jueves 1 de junio y hasta el 17 del mismo mes.

Weideman transportó incluso serpientes (Ryan Weideman / cortesía de Espronceda Center y Bruce Silverstein Gallery)

La exposición contiene 40 instantáneas en blanco y negro reveladas por el artista en el baño/cuarto oscuro de su propio apartamento en West 43rd End, el que alquiló en 1980 y donde aún reside. “Tras la primera semana como taxista, empecé a fotografiar. ¡Había tantas combinaciones interesantes e inusuales de gente entrando en mi taxi!”, exclama.

Fueron dos décadas conduciendo en el turno de noche, de 5 de la tarde a 5 de la madrugada, hasta que se cambió al turno de día. “Hacer fotos me pareció que era la única cosa que podía hacer. La imagen del asiento trasero estaba constantemente movimiento, repleta de personas interesantes, emocionantes y excitantes, creando una atmósfera única”, explica a La Vanguardia.

Por su “estudio sobre ruedas” han pasado modelos, drag queens, hombres de negocios, prostitutas, poetas… todo tipo de personas que representan la diversidad cultural de Nueva York en un periodo en que la ciudad experimentó grandes cambios a nivel económico y social.

Desde su posición de taxista, un trabajo icónico en Estados Unidos, Ryan Weideman fue testigo de excepción. “(Trabajando) he oído ocho millones de historias, algunas de ellas incluso las he escuchado dos veces el mismo día”, reconoce. Con su cámara analógica fue retratando a los protagonistas hasta que, en 1986, decidió aparecer él también en sus composiciones.

  “Tras la primera semana como taxista, empecé a fotografiar. ¡Había tantas combinaciones interesantes!”

“Me cansé de darme la vuelta. Quería cambiar y convertirme en parte de la fiesta, documentar el momento, por así decirlo. Hubiera intentado lo que fuera para involucrar más a la gente en el proceso fotográfico mismo. A veces, por ejemplo, el equipo no funcionaba debido al cable del PC. Entonces, entregaba el estroboscópico a uno de los pasajeros y les instruía para usarlo. Así teníamos una sesión de fotos simbiótica. Me gustaba que ambos tuviéramos un interés genuino”, explica.

Licenciado en el California College of the Arts, el estilo de Weideman estuvo muy influenciado por grandes fotógrafos de los años cincuenta y sesenta como Robert Frank, Garry Winogrand o Lee Friedlander. De esas fuentes bebía cuando su sumergió en la acción para poder capturar el espíritu de las distintas épocas de la ciudad que nunca duerme.

Algunos clientes fueron más atrevidos que otros (Ryan Weideman / cortesía de Espronceda Center y Bruce Silverstein Gallery)

El artista explica que, con su obra, buscaba captar un “momento visual inspirador ocurriendo cuando todo está en movimiento”. “Yo estaba tan atrapado en el desafío del momento que lo empujaba hasta el borde”, añade.

El escenario ayudaba. En cuatro décadas, Nueva York pasó de los bulliciosos 80 al hip-hop y el grunge de los 90 antes de entrar de lleno en el nuevo milenio. “La ciudad está en constante evolución y las cosas parece que se han acelerado como un incendio forestal con la llegada de la tecnología. Cada vez más personas se están mudando a Nueva York, y hay una gentrificación constante. Es el centro artístico del mundo, la ciudad más estimulante… Por no hablar de la fuerza motriz que supone la alta competitividad”, considera Ryan Weideman.

“En 1986 decidió empezar a salir él también en sus composiciones. “Me cansé de darme la vuelta”

Tras tomar más de mil imágenes desde el interior de su taxi, el fotógrafo estadounidense aún se sorprende de la facilidad con la que conseguía el consentimiento de sus clientes para ser inmortalizados. “Tengo que confesar que, algunas veces, estaba tan excitado viendo la composición que tenía en el asiento trasero que no podía controlarme. Apretaba el disparador y todo ocurría por arte de magia”, revela.

Weideman recuerda con cariño a muchos de sus modelos. “Como podría olvidarlos. Fue un momento especial y aventurero en mi vida como fotógrafo. Me dieron permiso para imaginar los inexplicables e intensos momentos de la vida callejera. Yo era un extraño y me estaban haciendo un favor”, revela.

  “(Los clientes) me dieron permiso para imaginar los inexplicables e intensos momentos de la vida callejera”

Cuatro décadas haciendo fotos han provocado, además, algún que otro reencuentro con sus clientes. “Yo estaba muy contento –asegura el artista- cuando veía a alguien caminando por la calle hacia mí que parecía muy familiar. Me ha sucedido varias veces”.

En una ocasión, caminando por la calle 43, Ryan Weideman vio a una mujer alta y voluptuosa transitando hacia él. “Se acercaba y comencé a reconocerla. Pasamos el uno al lado del otro y yo seguía dudando. Por eso la seguí. Cuando giró la esquina de la calle 8 y ya se me estaba escapando, corrí para alcanzarla y le pregunté si se acordaba de mí”, rememora.

La respuesta de la chica fue afirmativa, así que ambos quedaron en verse al día siguiente en la esquina de la calle 9 con la 43. “Yo estaba muy alegre y quería compartir mis retratos con ella. Le di las fotos que le había hecho y me dio las gracias. Mientras se alejaba, ella no paraba de enseñarle las fotografías a los transeúntes con los que se cruzaba”.

  “Buscaba captar un momento visual inspirador ocurriendo cuando todo está en movimiento”

SALUT Y BUEN VIAJE

VA PUJAR UNA DONA MORTA AL MEU TAXI

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Un taxista de Barcelona explica una experiència paranormal amb una dona que va pujar al seu taxi.

El periodista Javier Pérez Campos, col·laborador d’Iker Jiménez, presenta el llibre Los otros, un recull d’històries de fantasmes, entres les quals en destaca una que li va succeir a un taxista de Barcelona. Escolteu-la narrada per ell mateix.

SALUT I BON VIATGE

ASÍ OPERAN LOS TAXIS DE LA DELINCUENCIA, QUE YA SE COBRAN UNA MUERTE AL MES EN MÉXICO

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María Villar creyó coger un coche oficial en Santa Fe, pero se trataba de un vehículo camuflado, que terminó llevándola a la muerte. Es el último caso de una tendencia al alza.

En México D.F. casi la mitad de los 140.000 taxis regulares que circulan diariamente por las calles no están adheridos a ninguna empresa, y un 25% son ‘informales’.

La investigación por el asesinato de María Villar Galaz ha mostrado importantes avances. Tres semanas después de que la víctima fuese encontrada muerta en México, la Subprocuradoría Especializada en Investigación y Delincuencia Organizada (Seido) ha informado que a María la secuestró, al azar, una “banda muy agresiva que usó descargas eléctricas para inmovilizarla”.

El rapto, no fue planeado y su móvil era económico. Se buscaba a alguien con alto poder adquisitivo de la zona metropolitana de México D.F. Los delincuentes simularon moverse en un taxi falso. En una parada frente al centro comercial El Patio, de distrito de Santa Fe, consiguieron engañar a María.Allí precisamente radica una de las claves del trágico suceso, por el cual ya hay dos detenidos (el último ha sido un hombre llamado Óscar Saúl). Pero la tendencia delictiva que utiliza falsos taxímetros para cometer robos y secuestros se impone no solo con fuerza en México, sino que es un flagelo extendido a toda América Latina.
Desde octubre de 2015 hasta la fecha, solo en las zonas metropolitanas de Monterre y México D.F. se han cometido 12 homicidios, 14 robos y siete asaltos a bordo de supuestos ‘taxis’, de acuerdo con las cifras oficiales de la Agencia Estatal de Transporte (AET) de México.

María Villar, por ahora, ha sido la última víctima, que se suma a otras tantas que han tenido alto impacto en la sociedad mexicana. Para comprender la magnitud de este sistema delictivo no hay que remontarse muy lejos. En abril pasado, una joven estudiante de Medicina de la UANL, en Monterrey, denunció que fue secuestrada por un pseudotaxista camuflado cuando viajaba por la avenida Fidel Velázquez de esa ciudad, quien la llevó hasta un terreno solitario donde la mantuvo cautiva varias horas, hasta que logró huir de su captor.

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Pero este caso se suma a otros dramáticos ejemplos, como el asesinato de Santiago Pruneda, de 20 años, quien este verano se encontraba a las puertas de su domicilio en el municipio de San Nicolás, un ‘taxi’ llegó a su lado, el conductor le disparó en la cabeza después de intentar robarle y volvió al coche para huir sin ser localizado.Las mafias de taxistas que muestran este oficio como fachada para cometer diversos delitos (secuestros exprés, virtuales, abusos, robos y hasta homicidios), quedan reflejadas en las cifras oficiales de la propia AET. Tan solo en Nuevo León, en el Estado de Monterrey existen 32.256 concesiones de coches de alquiler, de las cuales apenas el 18 por ciento pertenecen a empresas y el 82 por ciento restante a particulares. Esto da margen a que la inmensa mayoría de los vehículos que circulan por las calles sean ‘piratas’ (como denominan los mexicanos a los taxis que no tienen ninguna licencia oficial).

Es tal el desorden que impera en este cuestión, que hasta el alcalde del municipio mexicano de San Nicolás, Víctor Fuentes, presentó hace 60 días un exhorto ante el Congreso del Estado del país para retirar las concesiones de los vehículos de alquiler involucrados en cualquier tipo de delito. ¿El motivo? El imparable robos a farmacias, tiendas de autoservicio, establecimientos comerciales, negocios de autopartes y vehículos, así como asaltos a pasajeros, en los que los delincuentes utilizan ‘taxis’ que en realidad son el cebo para atraer pasajeros desprevenidos.

Un enorme problema en México D.F.

De acuerdo con datos de la Secretaría de Movilidad mexicana, de los 140.000 taxis regulares que circulan diariamente por la capital de ese país, 75.033 están adheridos al servicio de bases y radioaxis; el resto son los ‘libres’ (no adheridos a ninguna empresa) y sus conductores tienen la facilidad de coger pasajeros en cualquier punto de la ciudad sin estar supervisados por nadie. Esa cifra supone casi el 50% del total. De allí que las bandas de delincuentes se aprovechen de esta situación.

De ese número, encima, hay un agravante: el 25% directamente serían ‘informales’. Esto quiere decir que no llevan ningún tipo de registro de las agrupaciones de taxistas constituidas en la ciudad.

Mientras el fenómeno crece, diversas iniciativas intentan reducir (por ahora sin éxito) este método delictivo. A comienzos de año se realizó un operativo especial de seguridad en contra de este tipo de coches y aunque se logró dejar a una treintena de ‘taxis’ fuera de circulación e incluso en un caso se detuvo a un chófer que contaba con una orden de aprehensión, las medidas preventivas por ahora no arrojan los frutos esperados.

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En México, mientras tanto, se producen 102.000 secuestros por año, lo que supone unos 280 al día. De ese total, que se produzca una muerte violenta al mes de personas que creían que se encontraban en un medio de transporte seguro y terminaron asesinadas causa estupor.De allí que el Gobierno mexicano y las embajadas de los principales países se empeñen en recomendar que los turistas o personas que viajen al país por negocios u otros motivos, “eviten comentarios en los que se denote capacidad económica, con especial advertencia, en este aspecto, a los menores”, dentro de los vehículos.También se recomienda no mostrar ante los conductores de los coches documentación, tarjetas de crédito y cámaras fotográficas o móviles. Finalmente, es conveniente a la hora de pagar abonen con billetes pequeños que no requieran de una vuelta suculenta.

Si se necesita utilizar cajeros automáticos, el propio Ministerio del Interior recomienda buscar alguno que se encuentre en el interior de zonas más protegidas como centros comerciales y actuar con cautela y discreción. Nunca es aconsejable ordenar al chófer de un taxi que espere en la calle mientras se realiza la operación de extracción de billetes en la vía pública… simplemente porque nadie puede estar tranquilo ante el desconocido que se encuentra al volante.

SALUT Y BUEN VIAJE.

TAXISTA, OKUPA Y AGITADOR SEXUAL INVOLUNTARIO

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Jo Sol dinamita tabús en su secuela -‘Vivir y otras ficciones’- de su documental de culto ‘El taxista ful’. Humor, política y revuelta sexual de discapacitados

Pepe Rovira, de 52 años, conduce su taxi por Barcelona como todas las noches. Hasta ahí todo normal. Ocurre que la rutina de Rovira es cuando menos heterodoxa: todas las tardes roba un taxi, trabaja, y de madrugada aparca el vehículo donde lo encontró; dejando en el interior, eso sí, parte del dinero ganado -para gasolina y por las molestias causadas.

En otras palabras: Rovira roba para poder trabajar. Perseguido por las fuerzas del orden y al borde del precipicio, Rovira mitiga su caída dejándose caer en las redes de la izquierda alternativa (okupas y compañía).

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Hasta aquí el mito de Pepe Rovira, el taxista okupa, argumento de un falso documental de culto -‘El taxista ful’ (2010)- en el que el director Jo Sol (Barcelona, 1968) hacía papilla los límites del género: aunque muchas de las personas y activistas que aparecían en la película hacían de sí mismos, no quedaba claro si ‘El taxista ful’ recreaba o reconstruía la realidad. Lo que sí era evidente era su condición de artefacto político de humor fulminante. O la reinvención del cine militante.

Pues bien, tenemos buenas noticias, Pepe Rovira ha vuelto. ‘Vivir y otras ficciones’ -secuela de ‘El taxista ful’ presentada en la sección oficial del Festival de San Sebastián– sube (y depura) la apuesta al presentar a un Rovira tocado, pero no hundido. Tras pasar tres años internado en un psiquiátrico como castigo por su amor al taxi ajeno, intenta recuperar una normalidad vital entre resbaladiza e inalcanzable.

La normalidad es, de hecho, el asunto político de fondo de esta saga de ficción documental: o los problemas de los que habitan la periferia del sistema para hacerse un sitio en tiempos de crisis.

Choque cultural

El choque de contrarios es uno de los motores de la comedia clásica. Si en ‘El taxista ful’ la comicidad surgía al ver a un taxista intentando descifrar los códigos militantes de los okupas, en ‘Vivir y otras ficciones’ Rovira tiene que lidiar con una militancia aún más anormal: la de un escritor y activista tetrapléjico –Antonio Centeno, que hace de sí mismo– que monta una red punk de servicios sexuales a tetrapléjicos.  Algo así como los pajapléjicos. La juerga, vaya.

Al progresismo le cuesta asimilar que la diversidad funcional también tiene vida sexual

“Mi cine parte siempre de una paradoja. O la persona atravesada por el sentido común enfrentada de pronto al discurso político ultra articulado de un Toni Negri. De ahí surge una perplejidad que está también en el nuevo filme, en el que al progresismo le cuesta asimilar que la diversidad funcional también tiene vida sexual”, explica Jo Sol.

Dice el director que las miradas del cine hacia la diversidad funcional suelen bascular entre “el paternalismo” y la “irrealidad”, y pone como ejemplo el  taquillazo francés ‘Intocable’, con su tetrapléjico “rico, sensible y culto”. Más conflictivo resulta ver en pantalla a un tetrapléjico sin blanca y enardecido por una cruzada política/sexual que incomoda tanto a la derecha como a la izquierda. Explicado recurriendo al tono cómico del filme: el protagonista de ‘Vivir y otras ficciones’ quiere que el Estado le haga una paja; o al menos no se lo impida. Lo que quizá a usted le suene a frivolidad disparatada, pero que refleja un problema político real que preferimos ignorar: la falta de derechos de las personas dependientes.

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“Mi mirada política es tragicómica. Pero aunque venga de derrotas políticas como la del movimiento obrero y la transición y vea ahora con escepticismo la institucionalización de la revolución, no es una mirada cínica sino estupefacta. Humor absurdo para lidiar con el absurdo del mundo”, zanja el director.

Resumiendo: Jo Sol lo ha vuelto a hacer. Pequeña gran película./El Confidencial

El Taxista ful

Vivir y otras ficciones

SALUT Y BUEN VIAJE

¡TAXI! ¡LLÉVEME AL CINE!

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Quizá sea el taxi el vehículo más utilizado como set de rodaje. Desde el cine mudo hasta el que se filma en la actualidad, el cubículo del taxi sobre croma verde (o sin ella) ha copado la historia del cine.

No sé sabe muy bien cómo se ha establecido a lo largo de la singladura del séptimo arte una simbiosis tan eficaz entre el celuloide y los taxis. Bueno, o sí se sabe cómo desde que en los albores del relato mitológico Caronte cobraba un óbolo (moneda griega de plata) para cruzar en su barca la laguna Estigia que llevaba hasta territorio de la muerte. El arranque del cine fue literalmente (y, sobre todo, icónicamente) eso, un arranque, en el momento en el que a los hermanos Lumiere se les ocurrió asustar a los primeros, vírgenes e ingenuos espectadores con el poderoso impulso de una locomotora de vapor. A partir de ahí, del kilómetro 0 del cine, la pantallas se han llenado de viajes, traslados, periplos, éxodos a bordo de un sinfín de vehículos: aviones, autobuses, trenes, zepelines y… taxis. De uno llega Charlot a su casa completamente ebrio ‘a la una de la madrugada’ (con este complemento circunstancial de tiempo Chaplin titula su corto). Su nivel etílico le impide encontrar el picaporte de la puerta, su bolsillo para coger la cartera y pagar adecuadamente al taxista: en total, se demora casi tres minutos en salir del taxi, tres maravillosos minutos de puro cine mudo.

Desde entonces, el taxi ha transitado desde el cine mudo, el sonoro en blanco y negro, el tecnicolor hasta el 3D, encontrando no pocas obras maestras. La primera de ellas, la primera que nos asalta a la cabeza es… sí, ésa: ‘Taxi Driver’, la epopeya nebulosa dirigida por Martin Scorsese en sus tiempos más mozos (34 años contaba cuando la estrenó) y protagonizada por Robert De Niro, sobre un excombatiente del Vietnam mentalmente inestable que, al volver a EE UU, comienza a trabajar como taxista. De Niro realmente condujo un taxi doce horas diarias durante un mes para prepararse el papel. La cinta le valió a su director la Palma de Oro de Cannes en 1976 y cuatro nominaciones a los Oscar.

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Un momento del filme ‘Taxi Teherán, del director iraní Jafar Panahi 

Otra obra de arte contemporánea filmada en su integridad en el interior de un taxi es ‘Taxi Teherán’, de Jafar Panahi, director iraní condenado al silencio cinematográfico por las autoridades de su país. Así que Panahi se ha tenido que buscar las mañas para ejercer su oficio y, después de realizar dos películas en sus dos casas, ha burlado la censura metiendo las cámaras en un taxi y conduciendo él mismo la película literalmente desde el volante. La película se traza como un falso documental donde el taxi acoge un caleidoscopio de la sociedad iraní y donde se ironiza, por parte de su sobrina subida al taxi, sobre el absurdo de los rigores censores. Su trabajo de insumisión fílmica le valió el Oso de Oro de Berlín el año pasado.

Los recorridos a bordo de un taxi han contagiado la impronta del cine negro clásico y no faltan en ellos confesiones y complots. La película de detectives por antonomasia, el canon del cine negro, ‘El sueño eterno’ (Howard Hawks, 1946), relata la investigación del detective Phllip Marlowe, protagonizado por un Humphrey Bogart en estado de gracia, sobre las idas y venidas de las hijas de un millonario. Durante esa actividad de espionaje toma un taxi conducido por la actriz Joy Barlow, una secuencia que Quentin Tarantino homenajeará en ‘Pulp Fiction’ cuando el boxeador Butch huye del ring donde ha frustrado un pucherazo. Para escapar, toma un taxi pilotado por la bella Esmarelda Villalobos.’ Esmarelda’, repite lentamente Bruce Willis, paladeando el nombre.

14720363082388 El boxeador Butch abona la carrera a Esmeralda Villalobos en ‘Pulp Fiction’, de Quentin Tarantino 

Y el taxi se coge en el cine con la misma facilidad con la que los mortales cogemos el autobús (aparte Hitchcock, que era más del bus en sus películas). Lo coge tres veces Carmen Maura en ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, el ‘Mambo taxi’ de Guillermo Montesinos, en el que se puede escuchar una infinitud de estilos musicales. La película fue la primera de Almodóvar nominada al Óscar a mejor película extranjera. No se lo llevó, pero Jane Fonda invitó al equipo de la película a una fiesta en su casa. La actriz estadounidense le propuso a Almodóvar comprar los derechos de ‘Mujeres…’ para realizar un remake americano. Los derechos se compraron, pero la película nunca se llegó a rodar. Cuatro años después de su estreno, una banda ‘indie’ británica tomó el nombre del taxi para nombrar a su grupo, inspirados en la película de Almodóvar.

Tanto ha dado el taxi al cine que son muchas las películas que lo han tratado íntegramente. Aparte de la ya mentada ‘Taxi Teherán’, nuestro cine patrio parió ‘Taxi’, dirigida por Carlos Saura, la argentina Gabriela David filmó ‘Taxi, un encuentro’ y en Francia hubo una fiebre taxística que alumbró ‘Taxi Express’ en 1998 y tres secuelas más. Pero quizá la que más influyó fue ‘Noche en la tierra’, el retrato nocturno de cinco taxis en cinco grandes ciudades: Los Ángeles, Nueva York, París, Roma y Helsinki, realizada por Jim Jarmusch en 1991. Un resumen fílmico de la sociedad terrestre: un viaje del recelo a la confianza, del prejuicio a la amistad, de la vida a la muerte.

SALUT Y BUEN VIAJE

Taxi Driver

Taxi Teheran

Una noche en la tierra

Pulp Fiction

Mujeres al borde de un ataque de nervios

Taxi

TRES AÑOS SIN EL TAXISTA ELÍAS CARRERA

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Mercedes Rivero y Sandra Carrera posan con el cartel del desaparecido Elías Carrera. // Iñaki Osorio

Su mujer y sus dos hijas lo continúan buscando desesperadamente empleando todos los medios posibles, todavía esperanzadas de que pueda regresar

Se cumplen tres años de la misteriosa desaparición del taxista ourensano Elías Carrera, de 61 años de edad. Fue visto por última vez en la estación de tren de Vigo. Su familia no pierde la esperanza y pelea día a día para poder encontrar alguna pista. Nadie entiende cómo una persona tan cercana a los suyos, según afirman su mujer, Mercedes, y su hija, Sandra. Pudo dejar su hogar sin dar ninguna explicación. Lo único que permite arrojar algo de luz al asunto es el bajón de moral que se le notaba a Elías últimamente y un pasaporte con el que se hizo antes de desaparecer.

“Nosotras no vamos a descansar hasta encontrarlo. Lo que queremos es saber de él, sin explicaciones ni justificaciones; que no se preocupe, que esté tranquilo, que lo estamos esperando”. Este es el mensaje que Sandra Carrera y Mercedes Rivero, hija y madre de Elías Carrera, quieren dejar claro sobre la desaparición del taxista ourensano. Facilitan dos números de contacto, el 627 74 09 33 y el 988 22 32 51, para recibir cualquier tipo de ayuda después de tres eternos años peleando por poder encontrarlo.

Aquel 17 de julio del 2013, Elías Carrera, a los 61 años de edad, dejó su hogar después de comer con sus dos hijas. “Durante la tarde del 17, ya nos extrañaba que no estuviese, y cuando vimos que estaba su coche aparcado pasaban y pasaban las horas y él no venía. Del 17 para el 18, a las 5.00 de la mañana, interpusimos la denuncia”, agrega Sandra.

 Esa tarde del 17, Elías alquiló un coche en la Estación de tren Ourense-Empalme para dirigirse a Vigo, donde devolvió el vehículo en la Estación del ferrocarril sobre las 19.00 horas, momento en el que fue visto por última vez. El taxista solamente llevó consigo la tarjeta sanitaria, a la cual no le dio uso desde que desapareció; el resto de documentación y el teléfono móvil los dejó en casa. Según las investigaciones realizadas, Elías no cogió ningún tipo de transporte desde que fue visto en la ciudad olívica: ni tren, ni barco, ni avión, tampoco hizo movimiento bancario alguno.

 

Lo cierto es que su mujer y sus dos hijas lo veían algo decaído desde que cumplió los 60 años: “Él siempre fue algo nervioso, lo que pasa es que de una temporada para aquí [2013], sí que lo notábamos muy bajo de moral”. Su familia quiso llevarlo a un médico, pero para él eso era “impensable, decía que estaba ‘perfectamente’” y nunca se llegó a medicar . Otro de los factores que preocupó a todos fue que Elías “bajó mucho el rendimiento al trabajar, antes hacía más noches?últimamente, estaba como desmotivado”, dice Sandra. “Se nota cuando una persona no tiene ilusión y le da todo igual? eso lo notamos mucho”, añade Mercedes. Sin embargo, afirman ambas que jamás se imaginarían llegar a tal punto: “Nosotras no hicimos la publicación hasta el mes de la desaparición porque pensábamos que habría sido un arrebato que le había dado”. Mercedes piensa que su marido “no debe de estar bien porque él no podía pasar sin una llamada de sus hijas cada día, y, ahora, tres años sin llamar y sin saber de él? no lo comprendemos”.

Lo que nadie puede explicar es la razón que llevó a Elías a estar en esa situación: “No había motivos, las dos hijas teníamos una oposición aprobada, nuestras vidas estaban encauzadas, no había problemas económicos… Además, era un excelente padre y compañero”, asegura Sandra. “Era muy buena persona”, reafirman madre e hija.

Lo que está claro es que la familia no cejará en sus esfuerzos para poder ver de nuevo a Elías Carrera o, al menos, conocer su paradero después de tres infernales años con noches interminables./Faro de Vigo

SALUT Y BUEN VIAJE

TAXISTAS INFORMAN HABER RECOGIDO FANTASMAS DESDE EL TSUNAMI DE JAPÓN DEL 2011

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Taxistas informan haber recogido a fantasmas desde el tsunami de Japón del 2011

El 11 de marzo de 2011, un enorme tsunami provocado por un terremoto de magnitud 9,0 en el noreste de Japón, causó una de las mayores catástrofes de nuestra historia. El resultado final fue de 492.000 personas evacuadas, 11.600 fallecidos y 16.450 desparecidos. Y 5 años después, cientos de residentes en las ciudades más afectadas aseguran haber sido testigos de lo imposible, avistamientos de los fantasmas de todos aquellos que murieron en el terremoto. En algunos casos, las reconstrucciones de las zonas más afectadas tuvieron que ser paralizadas debido a la gran cantidad de fenómenos paranormales. Pero ahora, los taxistas japoneses que trabajan en una de las zonas más afectadas por el desastre aseguran haber llevado en sus vehículos a “clientes fantasmas”.

Ese no es el tipo de comentario que un taxista esperaría tener de un pasajero, pero eso es sólo uno de la serie de comentarios espeluznantes que los conductores que trabajan en Ishinomaki le dijeron a Yuka Kudo, una estudiante de sociología  que entrevistó a conductores de taxi para una tesis. Cerca de 6.000 residentes de Ishinomaki murieron como consecuencia de la catástrofe del 2011, por lo que es una de las zonas más afectadas y la razón por la que Yuka lo eligió para su estudio.

Un área de Ishinomaki después del desastre

¿Ha tenido alguna experiencia inusual después de la catástrofe?

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Esa fue la pregunta que Yuka preguntó a más de 100 conductores durante su año de investigación. Ella informó respuestas desde la indiferencia a la ira. Pero siete conductores voluntariamente compartieron sus escalofriantes experiencias con los fantasmas.Un conductor dijo que recogió a un joven de unos 20 años y le preguntó a dónde quería ir. El hombre siguió apuntando hacia adelante y repetía “Hiyoriyama”, que significa montaña. Cuando llegaron allí, el joven había desaparecido del asiento trasero. Otro recogió una joven que le dijo que quería ir a una zona que fue abandonada. Cuando el conductor le señaló esto, ella le preguntó: “¿He muerto?” Cuando volvió a mirar por encima de su hombro, la chica se había ido.

Kudo oyó historias similares de otros conductores, que consideraban que son experiencias espirituales. En cada caso, se verifican sus historias, mostrando sus registros que habían iniciado sus medidores, lo que significaba que eran responsables de colectar una tarifa … una tarifa que ellos tuvieron que pagar de sus bolsillos cuando los pasajeros desaparecieron.Yuka Kudo (pronto a ser socióloga) parece creer que eran definitivamente fantasmas de adultos jóvenes que perecieron en el desastre.

Los jóvenes se sienten fuertemente disgustado [con su muerte] cuando no pueden juntarse con las personas que aman. A medida que quieren transmitir su amargura, pueden que hayan elegido los taxis, los cuales son como habitaciones privadas, como un medio para hacerlo.

Yuka piensa que estos eran fantasmas que estaban esperando su taxi para cruzar por un puente diferente. ¿Podría ser algo más que fantasmas? Aquí hay otro escenario de un psiquiatra de Ishinomaki Keizo Hara.

Creemos que los fenómenos como los avistamientos de fantasmas son, quizás, una proyección mental del terror y las preocupaciones asociadas con esos lugares. Se necesitará tiempo para el trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) emerja en muchas personas en que viven en albergues temporales para los que nada ha cambiado desde el terremoto.

¿Será que estos taxistas recogieron fantasmas reales o solo estaban alucinando debido al estrés postraumático?Ver también: El argumento de que el terremoto de Fukushima fue un sabotaje

SALUT Y BUEN VIAJE.

VALENCIA, LA FEDERACIÓN SINDICAL DEL TAXI RECAUDA FONDOS PARA EL TAXISTA QUE PERDIÓ LA VISTA AL SER AGREDIDO

Valencia

La Federación Sindical del Taxi de Valencia y Provincia ha abierto una cuenta bancaria solidaria para recaudar fondos destinados al taxista que fue agredido en Valencia el año pasado y perdió la visión de un ojo, tras lo que ha perdido el 90 por ciento de la vista del otro ojo y “se ha visto obligado a dejar de trabajar en su taxi y a la posibilidad de perder el trabajo de por vida”, como ha informado el sindicato a través de un comunicado.

El taxista, José Antonio, fue agredido el 19 de marzo de 2015, última noche de Fallas en Valencia, presuntamente por un joven de 19 años que encargó ir a Ontinyent (Valencia) y agredió al conductor directamente en los ojos para intentar robarle, según las mismas fuentes. El joven fue detenido esa misma madrugada y la investigación judicial sigue abierta. Cerca de un año después de la “brutal” agresión, la federación —de la que es afiliado el afectado— ha abierto una cuenta bancaria solidaria en Caixa Popular con el número de cuenta ES36 3159 0026 1220 5561 9627 y en la que no se cobrará comisión por realizar un ingreso. “Toda aportación es bienvenida, venga de asociaciones del taxi o de compañeros”, ha indicado el sindicato. “José Antonio se merece una muestra de cariño de todos, ya que cualquiera podría estar en su situación, y con un poco cada uno podemos hacer mucho. En esto no puedes faltar, por su familia y porque no se merece lo que le está pasando; ayúdale”, han manifestado desde la federación.

SALUT Y BUEN VIAJE

EL TAXISTA AL QUE ARRANCARON LOS OJOS EN VALENCIA: “PREFIERO MORIR”

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José Antonio, que se quedó ciego, malvive con una pensión mientras su agresor está libre. Perdió la visión tras una discusión con un cliente por el pago de una carrera de 90 euros.

 

A José Antonio le han dejado sin vida. «Se lo he dicho a mis hijos: preferiría estar muerto». Uno de ellos está junto a él, en el sillón de una vivienda de un barrio de la periferia de Valencia. El joven llora todas las lágrimas que él no puede derramar. «Esto no es vida», exclama sin poder contener un improperio. Lo de ponerse en la piel de la víctima, en este caso, supone un ejercicio de empatía casi imposible. ¿Conoce usted a alguien a quien le arrancaran los ojos? Pues eso. Cómo pensar en semejante atrocidad. José Antonio la sufre. Tuvo la mala suerte de ser el protagonista de una historia sin precedentes, de una brutalidad extrema, de unas consecuencias que doblegan la mente más sólida. «Mira, me tuvo que tocar…» Pero la resignación, en algunos casos, no es el antídoto que mitigue la rabia. Odio contra un joven de 19 años que supuestamente se lanzó contra él. «Directamente, como un gato, contra mis ojos». Recuerda aquellas Fallas terribles, las del año pasado, el instante desde el que no ha vuelto a ver un amanecer.

De conducir, al bastón

La víctima, con poco más de 40 años, pasó de conducir un taxi a tener que caminar con la ayuda de un bastón. Una caída tan profunda que lleva a la categoría de proeza superar el actual drama. Tras la inesperada agresión del joven, perdió el ojo izquierdo. En el derecho apenas conserva un 10% de su capacidad. Sólo ve sombras.

José Antonio recuerda aquella carrera con detalle. «Maldito puente, maldito puente», repite a lo largo de su charla con el periódico LAS PROVINCIAS. Fue allí, en el más cercano a Eduardo Boscá, donde recogió a su peor pesadilla. «Acababa de llevar a unas chicas a la discoteca de esa calle». Y por allí andaba su agresor…

El hombre era nuevo en el sector. Apenas hacía un año que contaba con su licencia. Conocía los riesgos, claro. Pero los limitaba a algún atraco, una agresión. Gajes del oficio. Por desgracia, algo que todo conductor experimenta una vez en la vida. Pero nada comparado con quedarse ciego. José Antonio procedía de la joyería, un mundo diferente. Con la crisis, el taller en el que trabajaba terminó cerrando. «Fui de los últimos en mantener mi empleo…» El subsidio del paro poco a poco se iba agotando… Y el gesto de sus hijos, de lógica preocupación, se acrecentaba. Así que se metió de chófer para ayudar a otro compañero. Finalmente, juntó unos «ahorrillos», y pidió un préstamo para comprar la licencia. El peor negocio de su vida.

Su presunto agresor, aquella noche de Fallas, le encargó ir a Ontinyent. «Sospeché de un trayecto tan largo. A ver si no me vas a pagar… Pero me dijo que llevaba dinero. Me enseñó un billete de 50 euros y me dijo que había tenido una pelea».

Unos minutos más tarde, en la avenida Ausias March se encontró con otro taxista a quien pidió consejo sobre el importe final del trayecto. Todo bien. Sin problemas. «Incluso paré a poner gasoil». Al llegar al destino, «vi que consultaba su móvil. Todo el viaje sin hacerlo y ahora…». Mal augurio. Le dijo que se metiera por un camino y se negó. Detuvo el vehículo y le comunicó el precio. Algo más de 90 euros. Redondeó la cifra a la baja. No hubo más respuesta que el ataque. «Esa forma de agredirme en los ojos ya la tenía que haber hecho otras veces. Creo que quería robarme y dejarme ciego para que no le reconociera». Esta es la tesis que maneja el conductor profesional. A continuación, le mordió la mano para liberarse. «Pero ya salí ciego del coche». Una vez fuera, todavía le cogió por la espalda y le volvió a introducir los dedos en los ojos, según su relato. Cayó a una acequia. Cuando salió de allí, su mundo ya estaba a oscuras. «Sólo recuerdo el ruido de coches a mi alrededor».

El joven niega el ataque

La versión del joven difiere. Explicó en el juzgado que el taxista le cogió el dinero que llevaba y le dijo que no era suficiente. Entonces le pidió la cartera y el móvil y el presunto agresor se negó. Comenzó un forcejeo entre ambos y no recuerda si las lesiones se las causó en ese momento mientras intentaba defenderse. O incluso apuntó que quizá se clavó algo cuando cayó en la acequia. A continuación, y en este aspecto coinciden ambas versiones, el joven huyó del lugar con la mochila del taxista, donde llevaba la recaudación.

Un año más tarde, la investigación judicial sigue su curso. Falta todavía un informe forense. José Antonio no entiende cómo su agresor está en la calle. El abogado del agredido pidió hasta dos veces prisión para él, pero no ingresó. «Psicológicamente es lo peor que llevo», subraya. Pero no es la única dificultad. Ahora aprende a desenvolverse en situaciones tan habituales como cruzar un paso de cebra. «Me han enseñado cómo estar atento al ruido de los coches y cómo distinguir las monedas que llevo en el bolsillo». Proezas para él. Lanza un reto. «Pónganse un pañuelo en los ojos y vayan a la cocina a por un vaso de agua». Así se siente José Antonio. «Esto no es vida».

SALUT Y BUEN VIAJE

TAXISTA KAMIKAZE BORRACHO CIRCULANDO EN SENTIDO CONTRARIO

Los hechos sucedieron pasadas las 23 horas del 17 de enero, cuando el Sector de Tráfico de la Comunidad de Madrid tuvo conocimiento a través de la Central de Emergencias 112, que se había producido un accidente de circulación, en el kilómetro 7,3 de la A-42 entre dos turismos debido a que uno de ellos circulaba en sentido contrario al estipulado.

«¡Ay, que se mata! ¡Párate, Para, Para!», gritaban desesperados unos empleados del servicio de limpieza del Ayuntamiento, que trataron a toda costa de evitar el terrible desenlace.

un varón de origen ecuatoriano de 51 años, que conducía en esos momentos un taxi, sin antecedentes por hechos similares y quien manifestó varias incoherencias y síntomas de desorientación en su declaración. La prueba por alcohol dio positivo, pero no por drogas.

SALUT Y BUEN VIAJE