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TAXISTAS DE BASAURI DENUNCIAN LA “FALTA DE CONTROL” CON JORNADAS DE MÁS DE 12 HORAS

La mayoría de los 38 trabajadores del gremio solicita que el Consistorio regule el tiempo de conducción y descansos, pero no hay consenso.

Los embates de la crisis y una completa red de transporte público están desangrando a las familias que dependen del sector del taxi en Basauri. Pero lo que es más grave aún es el enfrentamiento que ha generado entre los 38 conductores que conforman la plantilla. La mayoría denuncia que se está trabajando de forma «ilegal al no controlarse ni la jornada laboral ni los días de descanso», y piden al Ayuntamiento que actúe para que ningún conductor trabaje en su día libre. Sin embargo, no hay unanimidad en la solicitud. Ocho de ellos prefieren continuar como hasta ahora, sin ningún tipo de control ni por parte del gremio ni de la institución local.
Para acabar con el «descontrol» que provoca, además de la inseguridad que supone a los pasajeros que se suben al taxi sin saber cuánto tiempo lleva el conductor al volante, la mayoría de los profesionales -el 85% de las licencias- ha solicitado al Ayuntamiento que modifique el actual reglamento para «controlar las irregularidades» e impedir que los conductores trabajen más de doce horas por jornada, y que descansen al menos un día a la semana. «Somos el único municipio en el que el Ayuntamiento no controla el tiempo que trabajan los taxis y no quiere tomar en cuenta nuestra petición de dotarnos de herramientas que permitan controlar el fraude», explicó el portavoz del colectivo, José Luís Mantecón.
De momento, los responsables municipales están analizando el problema. Piden a los implicados que lleguen a un consenso y que, por mayoría, apoyen los cambios en el reglamento, entre ellos la adopción de medidas como un nuevo taxímetro que impida trabajar el día libre y más allá de 12 horas. Pero no está siendo fácil. Un 15% de la plantilla ha requerido al Ayuntamiento de Basauri que les permitan conducir en su día libre. Esta misma semana han acudido al Consistorio para solicitar a los grupos políticos que durante esa jornada puedan realizar transportes escolares de la Diputación y el Gobierno vasco.
Para la mayoría no sería un problema ceder en este punto, pero dudan de las intenciones de sus compañeros. «A nosotros no nos importa que lleven niños en sus horas libres, pero aprovechan para hacer otros servicios. No es de recibo que mientras los demás estamos en la parada sin trabajar porque no viene nadie ellos cobren más en su día libre que nosotros», censuran.

Amenazan con ir al paro
El enfrentamiento se encuentra en un punto álgido y sin visos de mejorar. Para evitar que los responsables municipales dilaten su decisión en el tiempo han recurrido a la Federación Vasca del Taxi. Han solicitado que uno de sus representantes acuda al Consistorio para explicar a los mandatarios la «necesidad» de que se regulen los descansos. Si no se soluciona el problema los taxistas han amenazado, incluso, con plantar las licencias e irse al paro.
Entre las medidas que requieren a la institución pública para controlar el trabajo ajeno han pedido que el taxi muestre visiblemente el día que le toca descansar y la adquisición de un taxímetro que no permita conducir el día festivo. Incluso han solicitado que la propia Policía Municipal se encargue de controlar a los incumplidores. Para poder adquirir el nuevo contador han requerido una ayuda municipal de 38.000 euros.

SALUT Y BUEN VIAJE.

 

SESIONES DE JAZZ EN EL TAXI

BASAURI – Carlos Velasco, que ha editado un disco recientemente, compagina las profesiones de músico y taxista.

CARLOS no pierde el tiempo dentro del taxi. Mientras espera pacientemente a que un cliente le haga pulsar el taxímetro, él ensaya con una pequeña guitarra eléctrica temas de jazz. Los que le conocen no se extrañan. Saben que Carlos es un experimentado músico que compagina las actuaciones musicales y las giras con el taxi. Así lo hace desde hace siete años para poder dar una mayor “una estabilidad económica” a su vida y no abandonar la música, que es su verdadera vocación. Porque Carlos siempre se ha considerado un músico profesional. Su currículum, extenso y variado, así lo confirma. Ha girado, como se dice en el argot musical, con Mocedades, Alejandro Sanz, El Consorcio, Jeanette o Armando Manzaneda, entre otros, y ha obtenido importantes premios en prestigiosos concursos de jazz. Recientemente ha publicado un álbum titulado Muy personal, donde ha intentado plasmar toda su trayectoria musical. Del taxi sólo le disgusta trabajar de noche, y no por lo horarios, sino por “la gente, que en muchas ocasiones se muestra muy irrespetuosa”. Su futuro, por ahora, seguirá ligado a la música y al taxi, un binomio que a Carlos le compensa.

Su padre era un gran aficionado al flamenco. Por eso en su casa de Basauri nunca faltó una guitarra. Carlos logró sacarle los primeros acordes a los cinco años gracias al empeño de su progenitor. Sin embargo, no fue hasta unos años más tarde cuando empezó de verdad a “meter horas y a tocar cositas”. Los siguientes pasos fueron los naturales en un joven apasionado por la música. Fue tocando en diferentes grupos locales hasta que un buen día le comenzaron a llamar para ir de gira con grupos consagrados. Se fue metiendo de lleno en un mundo que no se caracteriza precisamente por la estabilidad económica. “Siempre que volvía de gira”, recuerda ahora, “pensaba que tenía que buscarme algo de cara al futuro porque ya estaba casado y tenía dos hijos”. En esas estaba cuando en uno de los desplazamientos se le encendió la lucecita. “Tenía que ir a Tenerife a tocar, así que llamé a un taxi para ir al aeropuerto do de Loiu. En el trayecto me comentó el taxista que estaba a punto de jubilarse y eso me dio una idea”, cuenta sentado al volante de su taxi. Tras aquel fin de semana en Canarias, Carlos comenzó a moverse para conseguir una licencia en Basauri. “Vi que las condiciones eran factibles y me animé”, cuenta. Eso sucedió el año 2005.

Flexibilidad El balance de estos siete años como taxista es positivo, “aunque con la crisis y la llegada del metro a Basauri la cosa está muy mal”, aclara. Está contento porque le permite compaginar con la música. “Elegí esta profesión”, resalta, “porque yo soy jefe y empleado a la vez, lo cual me da mucha libertad y flexibilidad de horarios”. De esa forma, reconoce que “si un día tengo una actuación o un ensayo puedo cambiar el turno como yo quiera”. También dice que ser profesional del transporte le posibilita “tener un espacio para estudiar”. Carlos tiene instalado en el salpicadero del taxi un ordenador portátil que le sirve para escuchar música y como instrumento de trabajo. Pero el verdadero instrumento con el que ensaya es una pequeña guitarra eléctrica. “Como actualmente hay poco trabajo, tenemos muchas horas muertas en las paradas, así que yo las utilizo para repasar cosas o preparar temas”, dice. Reconoce que es una buena terapia “para no caer en depresión y darle muchas vueltas a la cabeza, aunque a veces no toco ni oigo nada de música porque también hay que desconectar de vez en cuando”. Los clientes que no le conocen se asombran cuando entran en el coche y ven a un hombre tocando la guitarra. “La gente, que es muy educada y respetuosa, se extraña y me dicen cosas como: oh, ya siento molestar, y yo les contesto: ojalá me molestaran más veces porque eso significaría que tengo trabajo”. El respeto, según Carlos, se suele perder por la noches. “Cada vez me gusta menos trabajar de noche; lo llevo peor porque la gente va con copas, lleva otra onda y hay más problemas”. Pero no queda más remedio que seguir al volante. “Hay que llegar a fin de mes y hay muchos gastos”, señala.

Pulpo Pero como Carlos tiene la teoría de que el músico “ha de ser como un pulpo, tener muchos tentáculos”, siempre se está buscando la vida. “Ahora he empezado a dar unas clases en una academia de Llodio y dentro de poco también lo haré en Bilbao”, dice. Imparte clases de jazz, “que es lo que verdaderamente me gusta”. No es la primera ocasión que enseña la técnica musical de la guitarra a los jóvenes. Ya lo hizo en otras épocas en academias particulares, pero lo dejó porque “se pagaba mal y sin seguridad social”. Dentro del mundo de la enseñanza, intentó entrar en escuelas municipales de música. No lo consiguió pese a tener un interesante currículum. “Yo he sido autodidacta en mi formación”, aclara, “pero fui al Conservatorio tres años, cuando ya giraba con Mocedades, para aprender a leer y adaptar la técnica de la guitarra clásica a mi forma de tocar, ya que yo lo hago con púa y dedos”. Un técnica que asimiló y le enriqueció como guitarrista. La misma que ha volcado en el disco que acaba de publicar. “Lo he llamado Muy personal“, dice, “porque lo he dedicado a mi mujer y mis hijos”. Una mujer que le entiende, porque también le gusta la música, y le acompaña en la autocaravana en las giras. Y Carlos no se cansa del volante.

SALUT Y BUEN VIAJE.